Tesoro indómito

Fotodocumental por  Carlos Parra Ríos / @carlosparrarios

Tesoro indómito: Colombia es un territorio que resguarda una cultura y herencia en la que aún es posible contemplar los tesoros del pasado.

La Sierra Nevada de Santa Marta es el hogar de un pueblo que se resiste a una colonización sin identidad.

El Resguardo Indígena Arhuaco Bunkwamuke está ubi cado a 1600 metros sobre el nivel del mar en la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia. Para aquellos que no lo sepan, esta zona geográfica se encuentra referida como la montaña litoral más alta del mundo, en la que viven cuatro comunidades indígenas que parten de una previa a la Conquista: son culturas que podría decirse que se encuentran como detenidas en el tiempo, viven ahí desde hace poco más de 600 años, además de que son una de las más antiguas de esta parte del mundo. En un continente en el que se extienden historias pintadas de un turbio carmín, los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta nunca fueron completamente vencidos por los españoles. Descendientes de la antigua civilización Tairona, los Arhuacos, Kogi y Wiwa escaparon de la muerte y la pestilencia para establecerse en un paraíso montañoso que se eleva sobre la llanura costera caribeña de Colombia.

El pueblo indígena Arhuaco, es uno de los cuatro pueblos aborígenes de la Sierra Nevada de Santa Marta. Al lado de los Koguis, Wiwa y Kankuamos, el pueblo Arhuaco aparece en la literatura lingüística y la antropológica como un grupo étnico descendiente de la cultura precolombina Tairona, con una historia propia para contar.Esto lo convierte en uno de los pueblos aborígenes más antiguos de Latinoamérica, tanto por su activa participación en los procesos de lucha por el reconocimiento de los derechos colectivos de los pueblos indígenas como por sus inconfundibles elementos de identidad como son la lengua, su concepción del mundo y sus guías espirituales. Actualmente, hay mucha investigación sobre la reivindicación de los grupos indígenas y todo lo que les concierne. También existe un creciente interés por investigar nuevas formas de preservación ambiental y uso de los recursos naturales, especialmente en términos de autogestión donde se destaca el mérito, la lucha y la resistencia del pueblo arhuaco por la conservación de las especies y la naturaleza, de manera amable y armoniosa donde tiene mucha importancia la mística relación que tienen los Arhuacos con el medio ambiente, siendo uno de los grupos étnicos más antiguos de Latinoamérica y con ello profundamente espirituales y respetuosos con la naturaleza; donde para ellos todos los elementos de su entorno tienen mensajes y están relacionados con el propósito en el mundo de cada ser. Los Arhuacos son profundamente espirituales y respetuosos de las leyes de la naturaleza, en su vida cotidiana cada roca, árbol, río o cerro, tiene un significado. Todos los elementos del entorno tienen mensajes y estos están relacionados con el propósito en el mundo de cada ser. En las mochilas Arhuacas se refleja un calendario cósmico que no es ajeno al tiempo actual y el reflejo del tiempo pasado, en ellas están grabados los anhelos de un pueblo indígena de la Sierra Nevada de Santa Marta.

HISTORIAS Y ECOS

El pueblo Arhuaco es uno de los cuatro que habitan en la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia. Es un grupo étnico descendiente de la cultura precolombina de Tairona En manos de los indígenas Arhuacos, “la coca es una llave para descifrar el tiempo, es una conexión con la naturaleza que permite entender lo que va a ocurrir”, algo que desafortunadamente no los ha mantenido exentos del conflicto armado de Colombia, por la forma en la que ven esta planta. Recordemos que en el hombre occidental, es una obsesión que llevó la violencia y la degradación ambiental a la montaña litoral más alta del planeta. La etnoeducación es un concepto de educación indígena el cual hace referencia a un proceso de socialización endógeno llevado a cabo por parte de un grupo étnico, en el cual el objetivo es la revaloración de la cultura, en este contexto cada pueblo crea su propia práctica educativa de acuerdo a la situación específica pertinente a su cultura, su contexto y su cosmovisión, una única en el mundo. Cuidan de su herencia de una forma muy particular, pues los extraños no están referidos como la más cálida visita que puedan tener, pero después de todo, más allá de verlos como un grupo étnico de esta amplia región del mundo referida como Latinoamérica, hay que apreciarlos desde adentro, de una forma particular. Aunque no es fácil hacer una visita, esto no quiere decir que sea algo totalmente imposible de lograr, pero como todo rito iniciático, se le pide algo a los ojos y espíritu catalogado como extranjero, antes de apreciar la cultura y tradición que está por revelarse frente a sus ojos. A aquellos que se les permite el ingreso, se les pide aprender algo de ellos, convivir por un tiempo o incluso trabajar de la mano, algo que eventualmente puede generar ser parte de esta gran familia con historias milenarias. Ellos no conocen la experiencia de desconectarse tan común en nuestros días cotidianos en los que infinitas pantallas nos sumergen en todo tipo de realidades, para ellos, la comunión con la Tierra y el respeto se encuentra como parte de los elementos más importantes de su vida, uno que busca una armonía que a veces suena como una utopía imposible de apreciar y mucho menos conocer. Mientras allá afuera existe un mundo y casi un movimiento que busca incitarnos a mirar con ansias al futuro, el pasado y un presente perpetuo se unen en esta comunidad que celebra volver a nuestros inicios, respetar la herencia que nos dejaron nuestros antepasados y valorar la tierra que recorremos y que se hizo nuestra por azares fortuitos. Para ellos, las conexiones con la tierra nunca tuvieron que ver con la conquista, sino con una convivencia procurada. Es tarde para preguntar qué sería de nosotros ahora si la historia del Calibán hubiera sido otra, si no hubiéramos perdido nuestra lengua, pero gracias a ellos es posible, tal vez, solo imaginarlo un poco.

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